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Conoce más acerca de la comunidad Tarahumara que recibirá a la XVIII Convención BMW Chihuahua

Desde hace cientos de años, aquí vive dispersa en pequeñas comunidades la población tarahumara. Cuando del jesuita Juan Fonte fundó, en lo que hoy es Balleza, una misión para indios Tepehuanes, supo que tenían fricciones con los llamados Tarahumara, o sea “corredores de a pie”.

Los estudios arqueológicos revelan su presencia en la sierra chihuahuense desde hace cerca de diez mil años. La antropología los considera de origen náhuatl, y su lengua está clasificada dentro del grupo Uto-azteca. Es sorprendente que el número aproximado de 40 mil individuos reportado por los jesuitas en el siglo XVII haya permanecido más o menos estable hasta nuestros días, así como la homogeneidad de su cultura e idioma, a pesar de que nunca tendieron a formar comunidades debido probablemente a la geografía de habitad, que no permite cultivos extensos, y a las planicies son demasiado áridas para sembrar, por lo que vivían también de la caza y la pesca.

Los tarahumaras actuales conservan bastantes elementos propios, aunque han tomado préstamos de la cultura occidental, como la domesticación de ganado menor, con cuya lana confeccionan las faja y mantas –tan apreciadas en inverno- que antes hacían con fibra de maguey. Sus magníficos trabajos de cestería mantienen características prehispánicas y siguen cultivando maíz, frijol y calabaza, aunque la mayoría ha sustituido la coma por el arado jalado por bueyes.

Su alimentación es básicamente la misma: tortillas, pinole hecho de maíz tostado, atole, calabaza condimentación en varias formas, frijoles, quelites, verdolagas y algunas otras hierbas silvestres. La carne de venado hoy ha sido sustituida por la de res, que consumen por lo general en las festividades.

Ha ocurrido un cambio en el uso de cuevas como habitación, pues hoy la mayoría prefiere construir sus chozas con troncos o piedras y lodo. La dispersión de sus rancherías no ha impedido la costumbre ancestral de invitar a los vecinos para cosechar y consumir tesguino; en forma rotativa, estos invitados hacen lo mismo con otros, hasta formar una amplia cadena que abarca a todo el grupo y permite una frecuente relación social.

De acuerdo con las crónicas de los misioneros, se pueden describir pocas modificaciones en el vestuario. Solamente los hombres, algunos, cambiaron el taparrabos por pantalones, pues siguen usando camisa con mangas abultadas, una faja más o menos elaborada y los huaraches de cuero sujetos con correas. Bajo un aparente cristianismo se perciben reminiscencias de una religión animista, con culto al sol, la luna y las estrellas, aunque sujeta al calendario católico.

Todas las ceremonias se celebran con bebidas, comidas rituales y danzas, entre las que destacan el Yúmare –danza propiciatoria de la lluvia- y el tutuguri, que requiere el sacrificio de una res para alimento comunitario.

Es muy frecuente en Semana Santa y Nochebuena una versión peculiar que los tarahumaras han creado a partir de la danza de matachines. Los ritos que se observan en las comunidades indias o mestizas de la sierra suelen ser acompañado por los cantos y ceremonias que sus abuelos aprendieron en el siglo XVIII.

Otra influencia europea es el uso del rabel o violín que, elaborad por ellos mimos, tocan en todas las fiestas. Los tambores de diversos tamaños y formas con que hacen música también tienen orígenes ancestrales.

“Corredores de alas en los pies”

Aun conservan juegos con antiguas raíces religiosas: las carreras de bola de encino entre los hombres, rarajiípa, y las carreras de mujeres en que se lanzas dos pequeños aros entrelazados, a las que llaman rohuena.

Compiten por equipos que representan sus rancherías; los hombres recorren distancias en kilométricas que se cubren sin interrupción, lanzando con en el empeine la bola hacia  delante, mientras los espectadores los estimulan gritando ¡huériga, huériga! Y les ofrecen pinole tesgüino. De noche la ruta se ilumina con antorchas de ocote que llevan los asistentes. El equipo ganador se alza con todo lo apostado.

“Los rarámuris producen una fascinación por su genética, con sus ‘pies ligeros’   son considerados los atletas más resistentes del planeta”

-EdelaM.