Benjamín Martín Del Campo: La forja de un pionero

La narración de la historia del motociclismo en México está ligada a Benjamín Martín del Campo, a quien muchos consideran la figura clave para entender la llegada de la motocicleta a nuestro país.

Martín del Campo nació en Zacatecas, pero al fallecer su madre, cuando sólo contaba con 13 años de edad, se trasladó junto a su padre y sus cinco hermanos a Ciudad de México. Corría el año de 1903 y pronto comenzó a labrarse su futuro en el almacén de mercancías generales El Bazar de San José.

Allí se empezó a forjar un carácter de responsabilidad, entrega y superación que pronto tuvo sus frutos, pues los dueños del almacén le concedieron en 1910 un préstamo para abrir un taller de renta de bicicletas que se amplió ofreciendo compra, venta y reparaciones.

La buena marcha de su negocio lo condujo a la apertura de un taller mecánico que se enfocó a la reparación de autos y bicicletas en la calle de Bolivar. Ubicación donde comenzaría la singladura del Grupo BMC, un auténtico referente del motor en México.

Convertido en la cabeza de familia, Martín del Campo invitó a sus hermanos a formar parte de un negocio al alza que encontró un punto de inflexión cuando en 1918 ya eran concesionarios de la marca Indian Motorcycle y, años más tarde, comenzaron a comercializar modelos Harley-Davidson de la mano del propio Arthur Davidson, quien ofreció a Benjamín Martín del Campo la distribución en nuestro país de las míticas motos de Milwaukee, asignándole una cuota de 94 unidades anuales para cuerpos policíacos y, posteriormente, para civiles.

En 1947 abrió en Ciudad de México el primer servicio Harley-Davidson. Desde entonces las motocicletas de la firma norteamericana han sido un espejo de la evolución de México: la marca y el Grupo BMC se han desarrollado integralmente, pues los amantes de la motocicleta identificaron a las ‘Harley’ desde su arribo a nuestro país como un producto vanguardista que, además de satisfacer las necesidades de transporte, suponía una marca de distinción a sus propietarios.

Martín del Campo inició su propia familia cuando ya se había convertido en pionero de la importación de vehículos en la república, superando vicisitudes históricas como la Revolución o la Primera Guerra Mundial con una visión de negocio privilegiada que le permitió seguir aumentando la variedad de marcas que llegaron a suelo nacional. Una de las más punteras fue BMW, compañía con la que llegó a un acuerdo tras arribar a Alemania como parte de la delegación de México como comisionado de la Federación Nacional de Boxeo. Este viaje a Europa también trajo acuerdos con otras firmas como Puch, Triumph o Gilera y, ello le permitió abrir un nuevo cuartel general en Ciudad de México que sufrió un grave incendio que puso a prueba la capacidad de una compañía que contaba con solidez y, sobre todo, con el ingenio de su fundador, que logró recuperarse tras la pérdida total (aún sin contar con póliza de seguros).

En la década de los 50 y 60 el grupo seguía con su progresión imparable, de la mano de grandes marcas japonesas como Honda, Suzuki o Kawasaki. La historia del transporte en México había cambiado definitivamente y las dos ruedas pasaron al imaginario nacional de la mano de las películas protagonizadas por Pedro Infante y Luis Aguilar.

La prohibición de exportar motocicletas en 1969 como parte de una medida presidencial para proteger y fomentar el desarrollo de la industria nacional, paralizó el mercado y la cultura de la moto, fue el último reto de Benjamín Martín del Campo, quien falleció el 6 de febrero de 1970 dejando un legado inigualable y un ejemplo de trabajo que el grupo BMC ha dado continuidad hasta nuestros días a través de sus hermanos y descendientes para honrar y perpetuar los proyectos de una persona irrepetible e imprescindible para entender la historia del motociclismo en México.

REFERENTE EN EL SECTOR

Desde el fallecimiento de Benjamín Martín del Campo, el Grupo BMC sigue consolidándose y aumentando su presencia en todo el país durante más de nueve décadas. Uno de los secretos para seguir con la línea de trabajo impulsada por su fundador ha sido la capacidad de la compañía para adecuarse al desarrollo comercial del país de la mano de las nuevas tendencias tecnológicas.

Así, si la motocicleta sustituyó un día a la bicicleta como protagonista de los escaparates de sus agencias, esta empresa que aún conserva su filosofía familiar apostó por la creatividad y la innovación trayendo a México piezas y refacciones que nunca antes se habían podido adquirir en territorio nacional o productos innovadores como los famosos ‘carritos’, pequeños vehículos utilitarios fabricados por la propia marca y que en su momento invadieron las calles de la capital. Desde su creación hasta la actualidad, esta gran empresa ha sido cómplice de la pasión infinita de los amantes de las motocicletas.