Harley-Davidson LiveWire |Latido Eléctrico

Y es que en Harley-Davidson son muy conscientes de una herencia a la que aseguran no renunciar con esta LiveWire. Ni mucho menos traicionar por haber colocado un ‘corazón’ eléctrico en una moto de aspecto y prestaciones futuristas. Un primer acercamiento basta para apreciar el carácter provocador de sus formas bajo un manto negro que apenas se remata con adornos estratégicos color rojo (como el emblema de la marca, ciertos juegos de luces, el amortiguador trasero o los bordados del asiento). Los juegos de luces se acoplan a esta sintonía ofreciendo la mejor iluminación con LED y subrayando esas formas arriesgadas con la colocación de las direccionales bajo el manubrio, estrechos y alargados.

Lejos de ocultar el motor, la LiveWire lo exhibe orgullosa de su músculo y potencia al más puro estilo de los vehículos ¼ de milla en las Top Fuel Dragsters. Es un motor longitudinal único en las motos eléctricas que, al igual que la resonancia de su cubierta, contribuyen a darle ese sonido tan peculiar. La transmisión es directa y se traduce en movimiento firme mediante sus componentes directos y crea ese sonido tan característico. En cuanto a su bastidor, se convierte en el primero que Harley-Davidson fabrica en aluminio forjado. Todo el bastidor, desde la cabeza de la dirección hasta el punto de apoyo de la horquilla de aluminio pesa sólo 6.3 kilos.

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Harley-Davidson no ha proporcionado demasiados detalles técnicos de LiveWire, por lo que nuestra Prueba Activa la hicimos partiendo casi de cero pero impactados por el aspecto agresivo de una moto más compacta de lo esperado, una monoplaza que se enciende apretando con el pulgar derecho el botón de encendido. Eso da vida a una pantalla rectangular de LED donde el piloto encuentra toda la información necesaria en el camino. El cuadro de instrumentos es táctil y llama la atención el color turquesa elegido para los testigos, entre los que destaca un cuentakilómetros digital, el uso de la batería o el modo de manejo elegido (se puede optar por uno suave y otro más agresivo).

Una vez que la moto se enciende no se puede resistir la tentación de girar el puño para escuchar los acordes de esa guitarra eléctrica que proclaman los responsables de la marca. A instrumento musical o a caza en portaaviones, el caso es que el sonido (componente clave en la emoción, según el decálogo Harley) no puede ser más característico, con un zumbido totalmente genuino que en nada se parece al de un coche de similares características… Complejos aparte, queda claro que estamos a bordo de una Harley-Davidson. Eso sí, una del futuro y muy enfocada a un uso refinado.

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