HARLEY-DAVIDSON LOW RIDER-S

En Harley-Davidson están empeñados en demostrar que el estilo único de sus creaciones no está reñido con la funcionalidad o el dinamismo. Esto se demuestra en sus nuevos modelos 2020 que, además de bellos, están recibiendo generosas críticas de sus usuarios, celebrando su mejor desempeño. La Low Rider S que este mes pasa por la sección Pruebas Activas de Revista Moto gracias a la agencia Estampida Harley-Davidson, representa un ejemplo perfecto de esta afirmación que parece cobrar cada vez más protagonismo en la estrategia de mercadotecnia de la marca estadounidense.

 

No en vano, sus nuevos modelos pueden presumir de una electrónica novedosa que se basa en el sistema RDRS (Reflex Defensive Rider System) y en el Connect Service, que permite conectar la moto a los dispositivos celulares. Y es que el plan denominado por la marca (More roads for Harley-Davidson) está permitiendo que sus nuevas motocicletas sean mejores en prestaciones (de la estética ni hablemos). La Low Rider S 2020 es uno de los modelos más destacados del nuevo catálogo y este mes se las ‘presentamos’.

Es indudable que en la casa de Milwaukee se ha doblado la apuesta por reforzar un estilo canalla en esta creación, que se diferencia del modelo base en ciertos cambios en la silueta, en que se multiplican los detalles oscuros y en la calidad de sus componentes (más exclusivos en la versión S). Así, si la Low Rider es oscura, la Low Rider S es… oscura al cuadrado ya que el negro tiñe el motor, los escapes, el tanque de combustible, el guardabarros, los alzadores del manubrio, los puños (freno y embrague), las pletinas y, por supuesto, la cúpula. Todo ello con una pintura Vivid Black que se apodera de casi todo el conjunto con excepción -acertada- del emblema en dorado y el panel de control (menos oscuro). Este modelo también se comercializa con una base gris (Barracuda Silver) donde los contrastes se acentúan más. Los rines de aluminio forjado color cobre son todo un acierto.

Dicho todo esto y, teniendo en cuenta que Harley-Davidson pone a disposición de sus clientes un extenso catálogo para equiparla y personalizarla, echamos en falta en este modelo S un equipamiento de serie más completo que termine de redondear un producto de por sí exclusivo.

 

De su diseño exterior nos llamó la atención el aire más radical que adquiere (sin romper con el esquema del modelo predecesor) reforzando un conjunto que se aprecia más compacto, con las líneas más marcadas y con un frontal diferente. En la parte trasera el colín reduce sus dimensiones y se afila, al tiempo que nos sorprendió que las luces de stop se integran en los direccionales: una solución muy sencilla y eficaz, pero que no habíamos visto antes en una moto de pista. Igualmente se facilita la conversión a un modelo más track day removiendo piezas de un modo sencillo.

Posición de manejo agresiva
Si la estética de esta moto está cuidada al extremo (no falta quien la compare con la máquina del protagonista de la serie Sons of Anarchy) su ergonomía no se queda atrás y proporciona a su piloto justamente ese estilo que se persigue cuando se adquiere una Low Rider. La posición de manejo es agresiva y toma protagonismo el manubrio semiplano ligeramente alzado que proporciona más deportividad empujando el cuerpo hacia delante. Nos gustaron especialmente los controles al frente, con las rodillas algo levantadas y los pies adelantados para aumentar el control en el frenado y en el cambio de velocidades. El asiento es muy cómodo y cuenta con soporte lumbar agradable para estar horas circulando; se sitúa a 690 mm del piso.

Un elemento importante que notamos en esta Prueba Activa es su reforzado carácter dinámico en el manejo, especialmente en tramos de curvas. En estos trazados la Low Rider S se comporta como pez en el agua, marcando bien el camino; con una entrada rápida y ágil, un paso no tan preciso (pero veloz) y una salida fulminante. En esto influye que el ángulo de inclinación de la moto en la llanta delantera S se reduce a 28 grados (el modelo estándar está a 30), un avance de 145 mm y una distancia entre ejes de 1,615 mm, que en conjunto proporcionan más agilidad en cambios de dirección y eso marca una diferencia muy agradable en su manejo. La relación de medidas de los neumáticos también nos satisfizo: 19 pulgadas delante y 16 detrás; y 180 mm de ancho.

Esta mencionada agilidad también se debe a un equipo de suspensiones de carácter deportivo que permite que la llanta delantera esté más firme (y mejore la frenada y el paso por curva). En la parte frontal trabaja una horquilla invertida con barras de 43 mm de diámetro; en la posterior, un monoamortiguador con regulación de precarga de muelle. El chasis Softail permanece ‘oculto’ en su interior para dar una imagen de eje trasero rígido. En condiciones más severas, el tarado duro de las suspensiones permite controlar bien los baches y las imperfecciones del asfalto.

En cuanto a los frenos, cuentan con pinzas de cuatro pistones fijos delanteros y dos pistones flotantes en la parte trasera. Mordaza que le da deportividad y el sistema ABS ofrece la seguridad y la contundencia que se necesita para detener una moto que se acerca a los 300 kilos de peso en seco. El tacto nos pareció muy bueno (mucho mejor el delantero), si bien notamos que los mandos son algo gruesos (también el del embrague), lo que nos dificultó algo más de lo previsto encontrar el tacto adecuado.

‘Gratifica el alma’

El motor Milwaukee-Eight 114 puede presumir de unas cifras impresionantes y un mejor desempeño. Su par de torsión permite unas salidas en parado que merece la pena probar. No en vano la versión S presenta un motor de 114 pulgadas cúbicas (frente al 107 del modelo estándar) y 1,870 cc frente a los 1,745 cc de la versión estándar, lo que la da un añadido de potencia (93 CV) para reafirmar el comportamiento deportivo.

El poder que emana del motor es, en todo caso, controlable (no es demasiado estridente) con una buena aceleración y un torque y recuperación dignos de mención, pero lo más destacable (a nuestro juicio) es el rendimiento que ofrece a bajas vueltas, donde presenta un par motor de 155 Nm a 3,000 revoluciones por minuto. La curva de potencia es muy lineal y las estridencias inexistentes. En cuanto al sonido del motor, es difícil describirlo mejor que lo hace la propia marca: “sonido puro con un estruendo que gratifica el alma”. Música para nosotros.

El cambio de velocidades es otro de los puntos fuertes de la moto: las velocidades se engranan fácilmente, aunque sí se nota la personalidad de la Low Rider S a la hora de hacer los intervalos; a cambio ofrece más deportividad a la hora de abrir gas. Nuevamente percibimos algo gruesos los mandos, lo que cansa después de un rato, especialmente en ciudad, donde circulamos a nuestro aire en calles y avenidas con el único ‘pero’ de sentir algo de calor desde el propulsor. En ciudad recomendamos su uso, y un añadido es que su consumo no es excesivo: 5.6 litros por cada 100 kilómetros recorridos.

La instrumentación se divide en dos relojes analógicos para el velocímetro y el tacómetro y con una parte digital con bastante información extra seleccionable desde el puño. Instrumentación (con unos acabados en metal rugoso en color mate) integrada en el depósito que permite que una de las piezas clave en el diseño, el manubrio, aparezca despejada y en una combinación perfecta con la cúpula, que le da ese estilo que todos queremos en una moto así. A pesar de que inicialmente pensábamos que la protección contra el viento era menor, en esta Prueba Activa comprobamos que es más efectiva de lo imaginado, si bien hay que tener en cuenta que este modelo no se concibe sin una buena dosis de aire en el rostro.