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Lifan KPR 200: Alto Potencial

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La última creación de Lifan es una motocicleta deportiva-citadina, impulsada por un motor refrigerado por agua con transmisión de seis velocidades, inyección electrónica y más potencia; ideal para el público joven.

Cada mes crecen las alternativas para los amantes de las dos ruedas y, en esta edición, Revista Moto se ha subido a la última creación de Lifan, la KPR 200. Una moto deportiva-citadina de alto rendimiento que toma la herencia de la KPR 150, considerada en 2014 por la Sub-Asociación de la Motocicleta en la Asociación de Industria Automotriz de China como el mejor modelo de su segmento.

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Y es que el mercado de las superbikes de baja cilindrada está en plena ebullición y firmas como Lifan aumentan sus catálogos para ofrecer productos cada vez mejor logrados a unos precios accesibles para todos los bolsillos. No a todo el mundo le basta con solucionar sus desplazamientos por la ciudad de un modo económico, hay quienes buscan deportividad. Para ellos, la flamante KPR es una opción considerable.

Este modelo conserva todo lo acertado de su predecesora, especialmente en lo que se refiere a líneas de diseño, retomando ese aire agresivo y afilado que tan buenos resultados le está dando a la firma asiática en mercados emergentes. Con contornos elegantes, el diseño de su carrocería traza una moto deportiva donde destaca su grupo óptico frontal.

 

Además de eso, el motor crece en su cilindrada, dando un salto en la movilidad urbana hacia públicos más variados a los que le gusta un estilo racing. Equipa un monocilíndrico de 200 cc, 4 tiempos y dos válvulas, refrigerado por agua y con inyección electrónica de combustible que produce una aceleración rítmica, con un torque estridente desde bajas revoluciones. El nivel de vibraciones es bajo, su recuperación muy interesante y su comportamiento en ciudad, excelente: la refrigeración permite que el motor no alcance altas temperaturas.

RENDIMIENTO SUPERIOR

El modelo que hemos probado, recién salido de agencia y sin rodaje de ningún tipo, alcanzó los 130 kilómetros por hora; nos llamó la atención el trabajo de su transmisión de seis velocidades, con cambios cortos en las primeras velocidades y más largos en las últimas pero, ante todo, mucha precisión en su embrague seco, que necesita poco tacto para que el motociclista se acostumbre a gobernarlo.

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Otro punto fuerte del motor tiene que ver con el funcionamiento del sistema de inyección electrónica de combustible que, además de producir una respuesta más precisa, hace que el consumo de gasolina sea más eficiente, respetando así una de las máximas señas de identidad que la firma asiática imprime a sus productos. En este caso, Lifan asegura que se pueden realizar 100 kilómetros con algo más de dos litros de combustible, haciendo uso de un manejo eficiente; algo a lo que ayuda una luz indicadora de consumo excesivo en el cuadro de instrumentos.

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A pesar de su aspecto deportivo, la postura que toma el conductor no es excesivamente inclinada, por el contrario, es más erguida de lo que podría parecer a primera vista; ello facilita los desplazamientos largos y estar horas encima de la moto. Su manubrio está algo elevado, y su bonito asiento bicolor permite que no haya que abrir demasiado las piernas. A la hora de buscar una posición de ataque, la moto también lo permite, debido a que Lifan ha trabajado intensamente en la postura para reducir la fricción del aire sobre el piloto.

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Al ser una moto deportiva y ligera se maneja con agilidad, pero también es muy destacado que se mueva de un modo puntual y controlado. La altura del asiento y el conjunto de las suspensiones la hacen muy capaz de dar la cara en calles donde el asfalto está en mal estado. También destaca el comportamiento de su chasis reforzado. Por ello el paso por curva es preciso, dado que este es un modelo rápido y bien equilibrado en peso; su motor se coloca muy al frente.

SIN CONTRATIEMPOS

En detalle, las suspensiones son convencionales y disponen de un alto recorrido al frente que les permite superar los baches. La propia altura de la moto se agradece porque la moto no sufrirá percances por topar con obstáculos. Detrás monta un monoamortiguador regulable en compresión y rebote, por lo que el usuario podrá hacer reglajes en todo momento y ajustarla a su estilo de manejo.

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Los frenos son de disco (delante y detrás) y ofrecen toda la seguridad que necesita una motocicleta de estas características. El delantero (de 300 mm de diámetro) es especialmente potente y contribuye a esa imagen deportiva que también se aprecia en sus neumáticos anchos: 90 (delantero) y 120 (trasero).

El comportamiento en ciudad, como referimos, es muy bueno y en carretera también se disfruta del camino. Más aún si se prepara para este propósito (no en vano, la KPR ha sorprendido con su rendimiento en circuitos asiáticos acumulando varios títulos). En cualquier caso, conviene tener en cuenta que este no es su territorio más propicio y se aconseja aprovechar sus ventajas, por ejemplo, en carreteras que permitan disfrutar de virajes, para sacar el máximo provecho de toda la agilidad que presenta.

De su apariencia, además de sus buenas líneas, destaca la construcción del conjunto, que se remata con numerosos detalles que suben el listón de la producción de Lifan y que ponen de manifiesto el esfuerzo de la compañía por hacerse un hueco mundial en los mercados de las bajas cilindradas. Uno de esos detalles es el puerto USB que incorpora, los espejos retrovisores desmontables, el juego de luces LED o el grueso escape.

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El panel de control es muy agradable y deportivo (con una circunferencia analógica y una pequeña pantalla digital a la derecha), iluminada por colores llamativos que contrastan con una base negra que también destaca con las dos tonalidades con los que se puede adquirir la moto: rojo y verde. Mismos que adornan los detalles como los anclajes o la circunferencia de los rines.

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Todo ello conforma un modelo dirigido especialmente al público joven con pasión por la deportividad. Un gran paso de Lifan es que está subiendo de manera exponencial la calidad de sus productos, cada vez más cuidados, mejor finalizados y con mejores prestaciones mecánicas y estéticas. Quédense con esta anécdota: en el transcurso de esta Prueba Activa más de un aficionado se interesó en la moto, preguntándonos si se trataba de una japonesa. Japonesa no, asiática.

EN BREVE: LIFAN KPR 200

¿Qué es lo que más llama la atención de la moto?

Su línea agresiva, con carenado integral y su excelente nivel de acabados. También destacan sus colores (rojo y verde) y una ergonomía muy conseguida.

¿Cómo es su motor?

Perfecto para esta moto. Es un propulsor rítmico en su aceleración que llega a niveles sorprendentes. Tiene un torque estridente desde bajas, recupera bien y no presenta exceso de vibraciones. Además, está enfriado por agua, algo poco común en modelos fabricados por marcas asiáticas.

¿Cómo se comporta en las curvas?

El paso por curva es preciso dado que este es un modelo rápido y bien equilibrado en peso; su motor se coloca al frente.

FICHA TÉCNICA

MOTOR

  • Tipo de motor – 4 tiempos, 4 válvulas
  • Número de cilindros – 1
  • Desplazamiento – 249.6 cc
  • Potencia – 24 HP @ 9,000 RPM
  • Sistema de arranque – Eléctrico

TRANSMISIÓN

  • Transmisión – Estándar de 6 velocidades
  • Transmisión final – Cadena

CHASIS, SUSPENSIÓN Y FRENOS

  • Chasis – Aluminio
  • Suspensión delantera – Horquilla telescópica invertida
  • Suspensión trasera – Monoshock
  • Frenos delanteros – Freno de disco
  • Freno trasero – Freno de disco
  • Llanta delantera – 100/90-18
  • Llanta trasera – 130/70-17

DIMENSIONES Y PESO

  • Largo total – 2,080 mm
  • Ancho total – 825 mm
  • Alto total – 1,230 mm
  • Altura del asiento – 775 mm
  • Tanque gasolina incluida reserva – 15 litros

COLORES: Rojo y verde

PRECIO: N/D

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Readers Comments (2)

  1. La ficha técnica no es la de esta moto, pusieron la de una 250 con llantas más anchas

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